05 octubre, 2012

¡Cómo has cambiado cariño!

El 15 de Mayo de 1928 apareció en aquel lugar por vez primera,   la por entonces joven y lozana Minerva Sinmouse. Los abotonados ojos de Miguel perdieron otra porción de quesito al intentar abrirse más y sus orejas comenzaron a enrojecerse como si midieran dos palmos. Se trataba de la fémina más bella y de agradable olor que jamás había visto (… y olido). Su relación fue buena desde el principio y salvo algún que otro desentendido, parecían ser la pareja perfecta.

Trabajaron juntos durante años y sus escarceos eran más que evidentes. Se decía que estaban casados en secreto y que fruto de sus relaciones nacieron cientos de hijos (pero ya sabéis que a la gente le gusta exagerar). 


Años después las conversaciones se convirtieron en malentendidos, los malentendidos en críticas, las críticas en discusiones y las discusiones en guerras de Pressing Catch. Miguel estaba cada vez más distante, casi ensimismado, falto de reflejos y siguiendo un estilo de vida cuando menos dejado. Minerva no entendía que había cambiado, porqué el afable y regordete Miguel se había convertido en algo tan diferente, casi un desconocido para ella.

El comportamiento de Miguel siguió empeorando, se hizo un temerario que buscaba cada vez emociones más grandes y su psicosis iba en aumento por momentos. Se encerró durante días en una habitación llena de gatos que orinaban y defecaban a su alrededor. Incluso gustaba de utilizar el orín de gato a modo de perfume. En sueños gritaba que quería ser comido por un gato. La situación era de lo más insoportable y Minerva decidió marcharse. Sin duda, una historia triste y desalentadora de una pareja que acaba mal, pero… ¿Es una historia mas?, ¿Qué le pasaba a Miguel?


Tiempo después encontraron al orondo Miguel en la habitación donde había vivido durante meses, mordisqueado y medio comido por sus gatos.


Sin duda esta es una historia “fantástica”, pero podría no ser muy diferente a la realidad.

El ser humano ha convivido con el resto de los reinos animados durante millones de años y ha establecido relaciones de lo más curioso con muchos organismos. Alrededor de nosotros y más aún dentro, existen millones de bacterias, la mayoría de ellas desconocidas, virus, parásitos, y otras formas de “vida” que bien podrían haber sido diseñadas en la mente del escritor de ciencia ficción más grande jamás nacido.

Uno de esos organismos es Toxoplasma gondii, un parásito protozoario causante de la toxoplasmosis. La toxoplasmosis es una enfermedad que por lo general cursa con síntomas leves, no muy diferentes de un resfriado, pero puede llegar a complicarse hasta el punto de causar la muerte. El hospedador definitivo, es decir, en el que pueden terminar de cerrar todo su ciclo de vida, es el felino. Sin embargo, cientos de animales de sangre caliente pueden actuar en el ciclo de vida de este parásito como hospedadores secundarios, reservorios de la enfermedad u hospedadores paraténicos (a los que va a parar la enfermedad pero no son necesarios para cerrar el ciclo de vida del parásito).




A lo largo de su ciclo de vida, el Toxoplasma puede pasar por varios estadios morfológicos y funcionales. El Ooquiste es una fase que se denomina esporulada. En este estadio pueden sobrevivir durante años fuera del hospedador y aguantar largos periodos de inclemencias ambientales. En la fase de Bradizoíto (del griego, animal lento) posee la característica de replicarse de una forma lenta. Puede pasar años dividiéndose de forma lenta dentro de quistes en músculos y tejido cerebral hasta que se abren. La fase de la enfermedad durante la cual los Bradizoitos se van dividiendo dentro de los quistes se denomina crónica y no es raro que mucha gente pase años en esa fase. Por último está el Taquizoito, una forma que al contrario del Bradizoito, es móvil. Se mantienen en pseudoquistes de tejido infectado en células de todo tipo (salvo eritrocitos).

En su ciclo de vida, un felino infectado libera con las heces cientos de Ooquistes que van a parar por ingestión a ratones o mamíferos y aves en general. En el nuevo huésped, esta vez intermediario, se convierten en taquizoitos y cuando encuentran el sitio adecuado, en Bradizoitos, donde pueden pasar años. Se trata de la fase asexual del parásito.

Cuando otro felino tiene hambre y se come a un ratón infectado (o el bicho que se haya infectado… sabe Dios cual), los Merozoitos forman gametos, se reproducen sexualmente y vuelven a producir miles de Ooquistes que salen de nuevo con las heces.


 Siempre se ha dicho que las mujeres embarazadas deben de evitar el contacto con animales en general y con felinos en particular, y es precisamente debido a este parásito. También en conveniente que no coman carnes no cocinadas ni embutidos. En realidad, si la arena donde el gato deposita se cambia cada dos días, no hay mayor problema en tener gato en casas de mujeres embarazadas.

Resulta que el humano es un huésped paraténico, es decir, no requerido para terminar el ciclo de vida del parásito. Pero es de suponer que en algún momento el hombre ha sido uno más de los manjares que degustan los grandes felinos, por tanto, una infección por toxoplasmosis nos puede afectar mucho. En es situaciones de inmunodepresión o embarazo cuando estamos más expuestos, pudiendo llegar incluso al aborto, pero depende.

Si la mujer está embarazada entorno al primer trimestre, una infección por Toxoplasma puede provocar la muerte intrauterina del feto. Si la mujer está ya en el segundo trimestre, los bebes pueden nacer con malformaciones, pero pueden nacer. En el tercer trimestre en cambio, los síntomas, sin ser mortales, pueden dejar secuelas, afecciones en el sistema nervioso, calcificaciones cerebrales, hepatoesplenomegalia, Ictericia, neumonitis o miocarditis

Amén de estos síntomas, según Jaroslay Flegr de la Universidad de Charles en Praga, T. gondii puede manipular el comportamiento del animal que infecta aumentando las concentraciones de dopamina y cambiando los niveles de otras hormonas (la testosterona está elevada en hombre con Toxoplasmosis y muy disminuida en mujeres). Cuanto más tiempo lleve la persona o animal infectado, menos aplicados y serios en el trabajo parecen ser las personas infectadas.


 En el caso de los ratones, hace que tengan una menor percepción del miedo y cierta apetencia por el olor que desprende el orín de gato, de modo que estos ratones son cazados de forma rápida por los gatos y el parásito consigue de esta forma cerrar su ciclo de vida. Para una explicación más amplia, ver la entrada de experientia docet de hace un par de años.

Según diversos estudios, el nivel de Neuroticismo de una población podría estar relacionado con la incidencia de Toxoplasmosis en la misma.

Pero ¿Porqué se ha seleccionado en el parásito que haga cambiar el comportamiento del animal al que infecta? ¿Acaso a Toxoplasma le mola que su hospedador sea más manejable y tontico? Y lo que es más, ¿Se parecerá el interactoma de Toxoplasma al de las novias celosas?

A diferencia de lo que sucede con Plasmodium, parásito causante de la malaria, donde el comportamiento natural del mosquito es perseguir a los animales para picarles y cerrar el ciclo, en los ratones esto no es así y para que un ratón se arrime a un gato hay que azuzarlo un poco. De ahí que el Toxoplasma haya sido seleccionado para “Controlar” y modificar el comportamiento de los animales que infecta.

En 2009, el equipo del Dr. Glenn McConkey (Leeds, Reino Unido) analizó el ADN de Toxoplasma y al compararlo con otras especies, descubrió que poseía dos genes que codifican para la enzima Hidroxilasa de la tirosina, implicada en la producción de neurotransmisores dopamina (en concreto de su precursor L-DOPA). ¿Para qué podría querer un ser unicelular este tipo de enzimas sino para hurgar en el cerebro de sus huéspedes?

Se sabe además que la dopamina está particularmente implicada en la esquizofrenia. El antipsicótico haloperidol funciona bloqueando los receptores de dopamina por ejemplo. Pero si usamos ese haloperidol en ratones, la atracción de estos por los felinos revierte de modo que se puede deducir que el parásito está realmente interfiriendo con el sistema dopaminérgico. En humanos, las consecuencias observadas podrían deberse a razones parecidas.

No existen realmente pruebas evidentes de que Toxoplasma modifique realmente el comportamiento de los pacientes, pues bien es sabido (y sino se sabe, LO APRENDES DESDE YA) que correlación no significa causalidad. Pero merece la pena estudiar estos efectos.

En última instancia, el cambio en el comportamiento de los roedores si parece estar bien establecido y les incita a buscar lo nuevo. Lo interesante es que las células nerviosas encargadas de buscar lo nuevo responden a dopamina. Los humanos no son un huésped intermediario sino uno sin salida o paraténico y por tanto la selección no ha podido modular finamente esta interacción.

Algunos autores han ido mucho más allá y han sugerido que la toxoplasmosis podría haber modulado o alterado sociedades enteras. En 2006, Kefin Lafferty (California, Santa Bárbara) publicó un artículo en el que indicaba la correlación (QUE NO CAUSALIDAD) existente entre el nivel de Neurosis (establecido mediante encuestas nacionales) en varios países y la prevalencia de la Toxoplasmosis registrado en mujeres embarazadas (grupo en el que se comprueba rutinariamente). Los datos arrojan que países como Reino Unido tienen un nivel de neuroticismo muy bajo (0.8) y una tasa de infección de Toxoplasma por debajo del 7%. Sin embargo Francia, posee niveles de infección de hasta el 45% y un neuroticismo del 1.8… (¡Vamos! que están reventaos de la cabeza). Las curiosidades culturales a ambos lados del canal podrían tener un origen de lo más parasitario.

La hipótesis de Flegr acerca de la manipulación en el caso de toxoplasmosis podría no ser un caso aislado en la naturaleza. La sífilis neurológica, enfermedad de transmisión eminentemente sexual, hace que el cuerpo infectado tenga una especial predisposición a la actividad sexual, asegurando la propagación de la enfermedad.




“Esta entrada participa en la XVII edición del Carnaval de Biología, organizado por Pero esa es otra historia...


Lafferty KD (2006). Can the common brain parasite, Toxoplasma gondii, influence human culture? Proceedings. Biologícal Sciences. The Royal Society, 273 (1602), 2749-55. PMID: 17015323