26 junio, 2012

Excusas de Bioquímicos


    -          Cariño, no me emborraché tanto, verás, es curioso, tengo una intoxicación de Quinina.
    -          ¡No me cuentes estupideces!, ¡Pillaste una moña como una catedral y tienes resaca!
    -          Que no de verdad, que no es eso. Verás, resulta que me tomé 5 Gin tonics y claro, la cantidad de Quinina…
    -          ¡Vete a la mierda!

(Cualquier parecido del escrito con la realidad se debe al azar, pero este post podría librarte de una buena bronca)

Pues si señores, resulta que los bioquímicos cada vez tenemos excusas más inverosímiles para las cuestiones más normales.

El pasado sábado asistí a una fiesta que daba un amigo en su casa en la Villa de Madrid (Madrid en los mapas, la “capi” para los amigos). El plan era de lo más tranquilo. Música flojita, unos pocos amigos de cada compañero de piso, algo de picoteo y alcohol variado para adaptarse al gusto de todos los invitados. 

imagen sacada de aquí AQUÍ 

Servidor, que ya tiene un recorrido en esto de la ingesta de alcohol, hace un tiempo que se pasó a los Gin tonics (ya sabéis esa bebida a base de Ginebra y tónica en proporciones 1:1, 1:2, 1:3, 2:3) y durante el tiempo que duró la noche, pues se tomó unos cuantos bastante flojitos, yo soy más de poco alcohol, mucho refresco y muchas copas. Al final pude haber consumido como unas 6 latas de tónica (6 latas x 33 cl = 198 cl, aproximadamente unos 2 litros)… (¡Ya he dicho que llevo un recorrido vale!). 

Bien es cierto que al final de la noche/principios de la mañana iba muy entonado, concretamente al tono de Sinatra en “The lady is a Tramp”. Llegué a casa cuando despuntaba el día y dormí el sueño de los justos hasta aproximadamente las 12:00 am.

Podrán imaginar que la sensación al despertar no fue agradable, nada agradable de hecho. Tenía un dolor de cabeza increíble, la cabeza me temblaba con cada paso, la boca no estaba seca sino lo siguiente, y al mirarme al espejo, los ojos me temblaban de lado a lado de una forma bastante extraña. No podía volver a dormir, mi estómago no admitía el agua y mi cuerpo no aguantaba mi peso, de modo que me tumbé en el sofá, puse la tele muy flojita y aguante la envestida como pude.

Pero algo iba mal. Esta no era una resaca normal, es mas, no recordaba la última vez que tuve resaca. Hacía años que no me sentía tan mal tras una noche de fiesta (y creedme cuando os digo que no fue la más salvaje fiesta que he vivido en el último año). De modo que cuando mi cuerpo se fue recuperando, (y mis neuronas activando…) me puse a recordar e investigar cosas que ya tenía olvidadas de mi época de Parasitólogo. 

El alcohol no podía ser la causa (si de una resaca normal, pero no de aquella sensación tan extraña) pues compramos alcohol de calidad. Me dirigí rápidamente a la tónica. La tónica tiene una lista de ingrediente tal que Agua, azúcares, anhídrido carbónico, acidulante, aromas naturales y quinina.

¡¡¡¡CLARO, QUININA!!!!

Tenía que haber caído en la cuenta enseguida. La quinina es un alcaloide natural producido por la Cinchona, una planta fanerógama del orden de las Gentianales. Se trata de un arbusto que recibió su nombre en honor a la Condesa de Chinchón, esposa del Virrey de Perú en 1638. El nombre fue puesto por el propio Linneo en reconocimiento del descubrimiento de las propiedades curativas de la corteza de la Cinchona que revolucionó la medicina de la época gracias a sus propiedades antipiréticas, antipalúdicas y analgésicas (frente a fiebre, malaria y dolor).

La quinina fue el primero y principal compuesto utilizado para luchar contra la malaria hasta que fue sustituida por otros compuestos sintéticos más efectivos como la quinacrina, cloroquina, mefloquina y primaquina. En la actualidad se sigue utilizando para el tratamiento de la malaria crónica. También se utiliza como potenciador del sabor del agua tónica, lo que le da ese sabor amargo tan característico. La historia de la Quinina es muy interesante, sobre todo la investigación para conseguir su síntesis en laboratorio, pero hoy no hablaré de ello, solo avanzaré que le valió el inicio de los estudios al premio Nobel Woodward y de alguna forma fue con su síntesis cuando nació la actual síntesis orgánica.

El consumo de altas dosis de quinina puede dar lugar a efectos secundarios, por eso su utilización se ha limitado por la FDA estadounidense (Food and Drugs Administration) a un máximo de 83 ppm (1/2 de la dosis empleada terapéuticamente) no estando recomendada sobre todo para mujeres embarazadas por sus efectos teratogénicos y abortivos.

83 ppm (partes por millón) equivale a 83 mg/litro, eso son 166 mg en dos litros.

Resulta que en España las concentraciones de quinina van más bien por AQUÍ, según la publicación de Xesús Feás Sánchez y colaboradores en la revista Nutrición clínica y dietética Hospitalaria en el año 2008


Resulta que en España, las concentraciones de quinina en bebida superan lo estipulado por la FDA llegándose a medir hasta cerca de 99 ppm. Eso son unos 198 mg de ingesta en dos litros, unas 32 ppm por encima de una dosis terapéutica y suficiente para causar una pequeña intoxicación por quinina. 

¿Que puede producir una sobredosis de quinina? Los síntomas pasan por visión borrosa y cambios en la visión del color, dolor de cabeza, náuseas, vómitos, dolor de estómago, diarrea, zumbidos en los oídos o dificultad para escuchar, respiración lenta o dificultosa entre otros....suena a resaca ¿Verdad?

Bueno, realmente habría que tomar una concentración algo más alta para llegar a esta situación y en todo caso si sospecháis de una intoxicación por quinina, debéis llamar al  Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses y especificar la cantidad y producto que se ha consumido. Pero no dejéis de tomar una copa y recordad que siempre hay que hacer un consumo responsable de alcohol. 

Por cierto, mi combinación favorita es Tónica Fever Tree con Bombay safire, unas gotas de lima fresca, una rodaja de pepino y dos pétalos de rosa… totalmente increíble. Os dejo con una de Calamaro y Gin tónic, 



Este post participa en la XVI Edición del Carnaval de Química, alojado por Dr. Litos en ¡Jindetrés, sal!