16 noviembre, 2011

Cáncer

Cáncer es quizás la palabra más utilizada y que más asusta cuando se habla de salud y de su reverso, la enfermedad. Cáncer es el término empleado para nombrar a un conjunto de enfermedades con un denominador común; “que una célula normal pase a comportase de forma peligrosa para el cuerpo, descontrolando su división hasta formar el famoso tumor”.

Considero un verdadero atrevimiento ponerse a escribir sobre el cáncer, pues se trata de una de las enfermedades más estudiadas en la actualidad, sobre la que más se sabe y a la vez, sobre la que menos. Pero dado que se trata de un tema candente y habitual en nuestras vidas, considero oportuno traerlo a colación para explicar un poco en que consiste esta enfermedad y hablar de algunos aspectos desconocidos.

La célula es (y esto es resumir al absurdo) el elemento más simple, dotado de vida propia, que forma los tejidos de los seres vivos. Desde la famosa aseveración de “Omnis celula es celula” (toda célula proviene de otra célula) mucho camino se ha recorrido en el conocimiento de esta estructura hasta la ciencia que hoy día constituye la Biología Celular.

Una membrana de proteínas y lípidos rodea la célula y la separa del ambiente. Dentro, entre otras muchas estructuras, se localiza el núcleo que alberga al ADN, el contexto químico en el que se codifica la información del programa de vida de una célula. Cada cuerpo humano, está constituido por millones de células.

Para formar este complejo sistema de millones de células que forma el cuerpo humano desde un simple zigoto, las células deben dividirse una y otra vez, dividiendo a su vez todas sus estructuras, copiándolas y dando a cada célula hija una copia lo más exacta posible del libro de instrucciones que es el ADN.

Durante nuestro desarrollo, el número de células que se va generando por división, es mucho mayor que el número de células que van muriendo, por eso crecemos y crecemos pasando de ser pequeños niñ@s a tontos adolescentes y estúpidos adultos. Al llegar a un estado adulto, el número de células que se dividen y dan lugar a otras, son aproximadamente igual al número de células que van muriendo, por eso nos mantenemos frescos y joviales durante una gran parte de nuestra vida. Pero conforme pasa el tiempo, los mecanismos de reparación de errores comienzan a fallar, las células se dividen menos y lo hacen de una forma menos eficiente; es cuando el número de células que mueren, es mayor al de las nuevas células que nacen…y por eso envejecemos irremediablemente provocando que nuestros tejidos de sostén, ya nos sostengan apenas nada.

Como decía, en el ADN están las instrucciones que una célula debe seguir el resto de su vida, y no solo ella, sino lo que deberán de hacer sus hijas, sus nietas, y toda su descendencia hasta que el cuerpo adulto forme gametos que llevarán la mitad de la información heredada, que complementada con la otra mitad de la pareja, volverán a formar un zigoto para desarrollar otro cuerpo completo.
Las instrucciones son tan completas, que incluso determina el número de veces que una célula se pude dividir, y cuando ese número se sobrepasa, la célula no se divide más tomando entonces dos caminos; “permanecer…o morir”. Como todo sabemos, si elige permanecer no es para siempre, al final se muere igual.

Cuando una célula se hace vieja, comete errores. Esos errores en forma de mutación son casi siempre eliminados por el cuerpo y nuestro sistema inmune se encarga de retirar los restos de nuestras pobres y ancianas células. Pero algunos errores no llevan a la muerte, sino a cosas bastante raras como una división desenfrenada rápida e imparable. Cuando estas células se descontrolan se denominan células cancerosas. No es que las instrucciones dictadas por ADN se hayan modificado, las instrucciones son las mismas. Pero digamos que de alguna forma, la célula se las salta a la torera y activa una serie de mecanismos y proteínas como la Telomerasa, que alarga sus vidas de forma indefinida manteniendo las células en un estado repetitivo de división y no diferenciación. 

Estas células vuelven a un estado indiferenciado, y se dividen tan rápido que no les da tiempo a decidir nada, ni dar lugar a un tejido concreto antes de volver a dividirse. Forman entonces cúmulos de células sin forma definida que se amontonan, presionan o bloquean a otros órganos y les impiden realizar su trabajo. Es el denominado tumor.

Si alguna de esas células consigue acceder a alguna vía de transporte como es el sistema linfático o la sangre… se libera y puede instalarse en otro lugar del cuerpo distinto al de su lugar de procedencia. Se llaman entonces células invasivas. Y si son capaces de instaurarse en ese otro lugar y forman otro tumor, nos encontramos de este modo con un proceso de metástasis. Nuestro sistema inmune intenta luchar contra estas células y suele destruirlas así separadas del resto cuando viajan, pero si alguna sobrevive, contra un tumor poco tiene que hacer nuestro sistema inmune. Al fin y al cabo, las células son nuestras y nuestro sistema inmune esta educado para no atacar a sus semejantes.

Pero, ¿Qué puede producir el cáncer? Se trata de una enfermedad multifactorial en la que todo incide y la mejor forma de evitarlo es la prevención y la detección precoz.


Uno de los cánceres más comunes y conocidos es el cáncer de mama. En España se diagnostican cada año unos 60 nuevos casos por cada 100.000 mujeres y 1 de cada 350.000 hombres. Aunque provoca alrededor de 6000 muertes al año, la media de supervivencia de las personas con cáncer desde las primeras lesiones precursoras es de 15 años, ascendiendo a 30 para los casos con tratamiento. Las fases subclínicas (sin sintomatología) duran unos 3 años y son diagnosticables con revisiones periódicas en un 98% de los casos; periodo durante el cual el tratamiento puede llegar a ser 100% efectivo. Por eso, el mejor tratamiento es el diagnóstico precoz con una simple mamografía, mas aún en los casos de las personas que tengan antecedentes familiares.

Cáncer de Mama

Generalmente los tipos de cáncer de mama se clasifican de acuerdo a tres factores:
  1. El sitio en el que se originó el carcinoma o tumor
  2. El grado de invasión
  3. La apariencia de las células vistas bajo un microscopio

El cáncer de mama se clasifica en los siguientes tipos:
  • Carcinoma in situ – In situ significa en el sitio. Es un tipo de cáncer que no invade en profundidad y se considera susceptible de ser curado mediante una simple extirpación tumoral. Está ubicado en los conductos de los lobulillos, no se ha extendido al tejido adiposo cercano al seno, ni a otros órganos del cuerpo. No invade los vasos sanguíneos ni linfáticos, es decir, no provoca metástasis. Hay dos tipos de Carcinoma in situ.
    • Carcinoma lobular in situ (CLIS) – También llamado neoplasia o tumos lobular. Se origina en los lóbulos o lobulillos de la mama (las glándulas fabricantes de leche). No atraviesa las paredes de éstos por lo que generalmente no se convierte en cáncer invasivo. No obstante, existen casos en los que sí puede desarrollarse y convertirse en un carcinoma lobular invasivo.
    • Carcinoma ductal in situ (CDIS) – También llamado carcinoma intradural. Es el tipo más común de cáncer no invasivo de mama que existe, en el cual hay presencia de células anormales en el revestimiento de un conducto de la mama. En este caso las células cancerosas no se propagan a través de las paredes hacia el tejido adiposo del seno. El tratamiento incluye cirugía o radiación, que generalmente son favorables a la cura del padecimiento. No obstante, si no se tratan a tiempo pueden convertirse en invasivos.
Mientras que CLIS es solo un marcador de un futuro cáncer, el CDIS es predictor de un cáncer invasivo futuro.

Otros tipos conocidos:
  • Carcinoma ductal infiltrante (o invasivo) – Se origina en las glándulas productoras de leche. Puede extenderse hacia los canales linfáticos o a los vasos sanguíneos del seno y distribuirse a otras partes del cuerpo. Este es el tipo de tumor más común en el cáncer de mama.
  • Carcinoma lobular infiltrante (o invasivo) – Originado también en las glándulas productoras de leche, se estima que entre un 10 y 15 % de los cánceres invasivos son de este tipo.
  • Carcinoma medular – un 5% de todos los cánceres de seno son de este tipo. En él, las células cancerosas que se encuentran agrupadas y en los bordes del tumor existen células del sistema inmunitario que sirven para atacar y destruir las células anormales, así como a otros agentes extraños como bacterias o virus.
  • Carcinoma Coloide – Está formado por células que producen mucosidad. Se Le denomina carcinoma mucinoso. Pertenece al tipo de cáncer ductal invasivo y tiene un pronóstico favorable al tener menos probabilidades de propagación que el cáncer ductal invasivo o el lobular invasivo.
  • Carcinoma tubular – es un tipo de ductal infiltrante con menos probabilidad de que se propague fuera del seno. 2% de los cánceres.
  • Cáncer infiltrado de mama – no es muy común y cursa con piel enrojecida y caliente, con la apariencia de una cáscara de naranja. Las células cancerosas bloquean los vasos linfáticos de la piel, es decir, que no se trata de una simple inflamación. Su pronóstico no es alentador y tiene muchas probabilidades de propagación

Con la presentación de algunos tipos de cáncer de mama quiero hacer ver una cosa. Y es que la mayoría se curan. Con las adecuadas revisiones a tiempo, la radioterapia, quimioterapia y cirugía, la gran mayoría de estos cánceres se curan. Por eso, cuando una madre, una abuela, una tía o simplemente un conocido te diga entristecido que tiene cáncer, contéstale con una sonrisa y dile que todo saldrá bien, de hecho, es lo más probable.

Hay estudios que demuestran que una buena actitud ante la enfermedad, incrementa las probabilidades de superarla hasta en un 80%. A nadie le es ajeno que una depresión puede ser el origen de un empeoramiento de cualquier enfermedad. Esto es particularmente cierto en el caso del cáncer.

Una buena dieta equilibrada, el deporte, una vida sexualmente activa y mantener un estado de ánimo feliz y positivo ayuda a prevenir y superar la enfermedad.